Erasmo de Rotterdam: un Fuck the police en el siglo XVI

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Quizás, sobre todo si estudias en alguna Universidad, te hayas preguntado por qué a las becas Erasmus se las llama así. Pues bien, es en honor a Erasmo de Rotterdam, un filósofo y humanista con una obra que influiría muchísimo en la mentalidad europea, tanto la de la época como la posterior. Estudió teología en los Países Bajos, y pese a haber nacido allí, viajó por Inglaterra, Italia y París a comienzos del siglo XVI, y pudo empaparse de buena parte de las ideas humanistas y renacentistas que comenzaban ya a tener un profundo calado en una Europa que estaba saliendo de la Edad Media.

Erasmo, directamente, lanzó una severa crítica contra la Iglesia. En su opinión, el objetivo de la religión era el conocimiento del mensaje de Cristo, y, por lo tanto, ese mensaje debía ser claro y todo el mundo debería poder entenderlo. O sea, que sobraban la mitad o más de las discusiones religiosas sin sentido, y era necesario que cada cristiano pudiese interpretar la Biblia individualmente. De esta manera, la Iglesia perdía el monopolio: ya no iban a ser los únicos capaces de interpretar a Dios. Erasmo habla de autonomía y de paz, de quitar la pompa a la ceremonia religiosa, que era innecesaria y la alejaba del verdadero mensaje de Dios.

Erasmus lanzó este mensaje en un contexto verdaderamente agitado: la Iglesia se ha enriquecido enormemente, la corrupción moral de los sacerdotes es elevadísima – muchos eran padres pese a que no lo reconocían -, y aparte Roma busca intervenir política y militarmente en varios territorios, bajo la excusa de ser “los representantes de Dios en la tierra”. Paralelamente, las enseñanzas del Humanismo ponen al hombre en el papel central del Universo, no a Jesucristo. En ese marco, Erasmo criticó seriamente a la institución, no a la palabra divina. No había que dudar del mensaje sagrado, sino de lo que el hombre decía de ese mensaje, porque era esto último donde se escondía el mal. El mensaje de Dios, para Erasmo, nunca es impuro o imperfecto, pero la interpretación que la Iglesia ha dado ha acabado en un tremendo alejamiento del Santo Padre.

A la Iglesia católica, por su parte, nunca le ha gustado que el cristiano interprete las Sagradas Escrituras, porque eso significaba eliminarlos como intermediarios entre Dios y el hombre. Erasmo recibió severas críticas por parte del papado, que quería seguir disfrutando de un sistema teocrático. En consecuencia, intentaron combatir duramente a las ideas erasmistas, aunque sin mucho éxito. En primer lugar, porque Erasmo, con un gesto irónico y burlesco, le dedicó su obra al Papa León X, que representaba todo aquello que el humanista criticaba. En segundo, porque pocos años después llegaría como consecuencia Lutero (de quien ya hablaremos en otro momento) y su reforma religiosa, que está claramente inspirada en las tesis de Erasmo.

Aparte de esa crítica voraz, Erasmo escribió otro libro, titulado el elogio de la locura, en honor a su amigo Tomás Moro. El libro es una sátira social que se centra en revelar la inutilidad de las prácticas y supersticiones eclesiásticas. Lejos de ser graciosa o cómica, el tono de la obra es bastante cínico y ácido, y se centra bastante en el afán del hombre por ser un idiota que sigue ciegamente los dictados de la Iglesia. El relato es provocativo, incendiario, y en consecuencia sacudió la conciencia de mucha gente. Erasmo habla de que el camino religioso debe recorrerse activamente, no pasivamente, y de sus palabras podemos deducir que seguir ese camino siendo guiado es, en sí mismo, una locura. ¿cómo podía el cristianismo aspirar a que todo el mundo entendiese a Dios, si no lo conocían?

En resumen y como conclusión, Erasmus lanzó todo un desafío, un Fuck the police, un mensaje que, hoy en día, podríamos clasificar de antisistema. Es un avanzado a su tiempo. Criticó el engaño que la Iglesia había hecho, supo ver que la Santa Sede había traicionado a Cristo y había dejado de ser una organización religiosa para convertirse en una organización política. Vino a decir que los fieles eran profundamente poco críticos, porque seguían a líderes religiosos equivocados. Cuando, hoy en día, criticamos la Iglesia como institución por sus prácticas, estamos siendo erasmistas. Cuando, hoy en día, nos parece mal que la Iglesia dicte algunas de las políticas del Estado, estamos siendo erasmistas.

Decir, en el siglo XVI, que la Biblia puede y debe ser interpretada individualmente es el equivalente a decir, en el siglo XXI que La publicidad nos hace desear coches y ropas, trabajar en empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos (Cita de Chuck Palanhiuk, en El club de la lucha). Hoy en día, se considera a Erasmo de Rotterdam el impulsor de las ideas reformistas que luego culminarán en el protestantismo, y sobre todo, se habla de él como la figura que resucitó el espíritu crítico, algo fundamental para cualquiera en la vida.

En general, el mensaje de Erasmo nos dice que debemos ser críticos con el poder, que el poder no es inocente, que ofrece una interpretación de la realidad, pero no necesariamente la única o la mejor. Su voz cuestionó la legitimidad de la autoridad, vino a decir a Europa que no se dejase engañar dulcemente. Tras él, vendrían un sinfín de autores, pensadores y artistas que han sido extraordiariamente contestatarios con el poder, y que han construido un discurso de contrapoder al que le debemos mucho. En un momento como el actual, cuando la desconfianza hacia el poder político se ha extendido por el mundo, cuando ese mismo poder ha revelado su auténtico rostro en algunos lugares; es precisamente cuando debemos tener más presente que nunca lo que Erasmo quiso decir: que un poder que no sea cuestionado termina, de un modo u otro, volviéndose totalitario.

Por: Manuel Santana


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